Me parece fatal que después de tanto tiempo intentando desabrocharme los zapatos lo de menos haya resultado ser el nudo de los cordones. La puerta está abierta, el camino trazado y todos en sus puestos para el comienzo del rodaje. Que extraña suena ahora la palabra definitivo. He echado de menos algunas cuestas, algún obstáculo insalvable que me hiciera aferrarme a lo que me quedaba, me he dado cuenta del coñazo que es que algunas cosas salgan bien. Las oportunidades que buscas y encuentras no se valoran tanto como las que vienen de forma inesperada, pero debes cogerlas igualmente. Supongo que todo esto es algo que me debía a mi misma. El refugio, la desconexión y el deterioro; sería injusto hacerlo siempre todo perfectamente. Los últimos meses me han vivido - más que yo a ellos - en una vorágine sin porqués y con muchos bastayas y ahora salgo de ella sin dejar puertas, ventanas ni ningún resquicio abierto que permita caer en la tentación de volver atrás.
Nunca, creo, me he conformado con vivir la vida que se me ha dado. Siempre he querido más independientemente de que estuviera a mi alcance y hasta el momento no puedo quejarme de no haberlo conseguido. A veces he tenido suerte y a veces he sido la persona más desgraciada pero siempre por esfuerzo o por azar, poco que ver con las acciones del resto de la gente ni la comodidad. Me enorgullezco de haberme aferrado lo mínimo a la base que se me ha impuesto: de vida, de límites y de personas. Me enorgullezco de formar parte de un grupo, de no formarla de otros tantos y de todos aquellos que fueron y finalmente decidí que quizá era yo la que no quería seguir siendo. Me enorgullezco de las cosas que me gustan y de las que detesto, pero no tanto como para no cambiarlas si algún día yo misma lo decidiera. He tendido los puentes adecuados y he cruzado también muchos, algunos con más convencimiento que otros pero todos han debido de ser los correctos si finalmente me han llevado hasta aquí, hasta la puerta de salida de mi casa y de mis costumbres.
No tengo miedo porque he sido capaz de lidiar con todo lo que ha llegado aunque algunas cosas me vinieran grandes y tuviera que crecer o recortarlas. La constancia y la estabilidad me parecen metas admirables pero que no se ajustan en absoluto a lo que pediría si se me hubiera dejado elegir en algún momento. Veintiún años me parecen demasiados y demasiado breves para contener las ganas de volar que ya llevo tiempo anclando al suelo de manera dolorosa. Y no por mis raíces, que permanecen intactas e incluso más fuertes que nunca; no me gusta el frío porque siempre he sido de corazón caliente y se me van a congelar las manos. Ni llevar capas cuando solo quiero quitarme la ropa. No quiero trabarme los primeros días -y quizá todos los siguientes- con mi inglés tercermundista ni la timidez esa implícita en las cosas nuevas y que no me caracteriza en absoluto. Tampoco echar de menos ni echar de más cosas que si no tuviera lejos no serían prescindibles. Pero necesito alejarme de algo que aún no sé si me convence por lo que es o por lo que soy yo y eso justifica todo lo demás.
La soledad es algo que impresiona bastante cuando tienes muchas cosas no resueltas procrastinadas a veces para nunca. Y yo tengo una amplia colección de paraluegos que mientras no esté sola no van a desaparecer. Por eso mi independencia es más fingida que consistente. Necesito al resto de la gente para sentirme vertical; mis capacidades -espero- bastante desarrolladas me permiten una total autonomía que, sin embargo, subyugo a la presencia continua de personas que juzgan y evalúan mis acciones y presuntos sentimientos. La no dependencia de un apoyo físico, sentimental o emotivo se equilibra con mi excesiva dependencia de opiniones.
Lástima que después de tanto tiempo intentando quitarme los zapatos ahora que he aprendido a desabrocharme los cordones se me hayan enredado los dedos.
miércoles, 27 de agosto de 2014
lunes, 13 de enero de 2014
Somos lo que comemos, pensamos lo que estudiamos.
En la educación obligatoria se reduce un 40% el presupuesto para libros de texto. En la educación no obligatoria se suben las tasas y los requisitos económicos y académicos para obtener una beca. Wert predica con palabras la necesidad de una reflexión acerca de las circunstancias económicas contemporáneas: nadie debe dejar de estudiar por falta de recursos pero las universidades han de obtener una autonomía que les permita alcanzar la excelencia. Pero no predica con el ejemplo.
¿Es posible que la única vía para mejorar la calidad de la enseñanza en las universidades públicas pase por omitir las características propias y personales de cada alumno incidiendo en las calificaciones totales? No sé si el señor ministro sabe que por mucha gente con pocos recursos que se quede fuera por no llegar al mínimo académico, independientemente de su capacidad o grado de esfuerzo, no van a entrar más ricos inteligentes. El dinero no garantiza la valía, pero por lo visto sí las oportunidades.
¿Es posible que la única vía para mejorar la calidad de la enseñanza en las universidades públicas pase por omitir las características propias y personales de cada alumno incidiendo en las calificaciones totales? No sé si el señor ministro sabe que por mucha gente con pocos recursos que se quede fuera por no llegar al mínimo académico, independientemente de su capacidad o grado de esfuerzo, no van a entrar más ricos inteligentes. El dinero no garantiza la valía, pero por lo visto sí las oportunidades.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Antecedentes y contexto histórico
Cuando get away salvó mi vida yo estaba acumulando una extraña serie de éxitos. Algunos pequeños, de mentirijilla y otros más grandes. Los éxitos compartidos estaban sonando más fuerte que los propios pero estos otros me dejaban un regusto exquisito más tiempo. Supongamos que muchos de ellos, a corto plazo, se guiaban por un patrón común: el Erasmus.
Os cuento que en mi universidad hay que aprobar un examen nivel B2 de inglés para irte a la mayoría de los destinos. También puedes optar por la vía aventurera y presentarte a Italiano, Francés o Alemán (que son un A2) o irte a Portugal, que no tiene examen. Si todo esto te falla porque eres un negado para los idiomas, no tienes dinero para irte fuera del país o simplemente no quieres alejarte demasiado( o al contrario, quieres irte a la otra punta del planeta) siempre puedes optar por la Iberoamericana o la Sicue -más conocida por beca Séneca, que en paz descanse.- El susodicho examen nivel B2, como si de selectividad se tratase, está rodeado de leyendas urbanas tales como 'es muy fácil', 'es muy difícil', 'es un nivel remezcla entre B1 y B2' o 'el listening no se entiende' pasando de tópico a realidad según el modelo que te toque y como es obvio, lo bien preparado que vayas.
La tarde que recibí la nota de mi examen de inglés acababa de anunciarse que al día siguiente se intentaría introducir la enmienda que añadiría 19 millones de euros más en los presupuestos generales del estado de 2014 en la votación del Senado. Con esto, cerca de 36.000 estudiantes erasmus podrían cobrar la beca un año más. Aprobar el examen me dejó el sabor agridulce de saber que con este logro encadenado a los anteriores estaba terminando de meterme en la boca del lobo. Había superado la barrera definitiva entre el 'sí, te vas a ir' y el 'sí te vas a ir'.
Pertenezco a una generación cuya educación obligatoria ha ido vagando entre LOGSES, LOES y demás leyes orgánicas que lo único que variaban eran de ideología, sacándole brillo las carencias junto a los colores. Y que ahora, a medias de una etapa de formación tan incierta como es la universitaria, veía al fantasma de la LOMCE abatirse cual nube negra sobre los estudiantes. Creo que nunca llegaré a aprender todas las siglas que han intentado vendernos como algo tangible; al final una con veinte años no sabe si agradecer no haber vivido estos tiempos estando en la escuela o si realmente es peor vivirlos ahora, con plena cosciencia. Como decía, no he tenido una mala educación pero en absoluto he tenido una buena. Mi capacidad para memorizar ya había alcanzado su nivel máximo cuando cumplí los 15 años y por lo tanto, el esfuerzo del sistema educativo por sobredesarrollarla en los años siguientes no han ayudado en gran cosa a mejorar mis facultades mentales.Siempre he sido una negada en inglés y de eso, hasta el momento, no tiene la culpa ningún político; por eso aprobar este examen era una puerta tan grande para mi: sabes lo suficiente como para que (de momento) te dejemos aprender.
Puede que yo no sea agradecida con lo que el sistema ha podido o querido darme, pero mientras me robaban oportunidades que de oídas sabía que existían me daban armas para abrir los ojos y protestar: yo me he hecho a mi misma flexible y ellos me han hecho inconformista. Aceptar lo que se te da por ser lo único que hay es de cobardes y aún más cuando sabes que otros se están llevando tu parte y la suya sin merecimiento alguno, no puede ser que un ministro de educación que cobra 64.000€ al año usurpe a estudiantes 100 euros mensuales, una ayuda ya mísera de por sí. ¿Cómo puedes decir a 36.000 personas y sus respectivos familiares que han de apretarse el cinturón en tiempos de crisis cuando cobras ochenta veces más en un año que uno de ellos? Aterroriza solo pensar que con un año de sueldo de Wert se paga la beca anual de ochenta erasmus. ¿A cuántos políticos como él habría que echar para que esos 36.000 erasmus tuviesen un mínimo de dinero garantizado? Quizá no a tantos y eso, precisamente es lo que te da cifras exactas del horror que implica vivir en un país en el que los derechos sociales ya no están garantizados en absoluto, si es que alguna vez lo estuvieron.
Me han criado con dos frases, 'de donde no hay no se puede sacar' y 'cada uno tiene lo que siembra'. Y los que nos gobiernan están terminando por echar abajo la poca educación que dejé que me inculcaran. Desde luego, sembrar mucho no es sinónimo de recoger nada, ni para bien ni para mal. Ahí tienen a los políticos del PP que han sembrado cientos de semillas de sobresueldos y corrupción que están enterradas en hoyos demasiado profundos o demasiado dispersas para localizarlas. De donde no hay, no se puede sacar, insistían. Y ellos dicen que no hay pero siguen sacando. Y metiendo en su bolsillo.
Pero no solo me han criado a mi. Hace poco, leía que igual que algunos jóvenes son el futuro otros únicamente pretenden perpetuar lo mismo que se les ha inculcado. Y mi mayor temor es ser uno de ellos y gritar solo cuando me duele y no ante el dolor ajeno. Nos quejamos de la sobreinformación, de la insensibilización ante la violencia y de la normalización de situaciones que desde luego NO son normales y que vienen de la mano de los medios y el entorno. Pero a veces, viendo las reacciones de gente de mi edad ante violaciones de derechos no puedo si no preguntarme si viene en nosotros mismos, si no hay alguna mutación genética que impide reaccionar frente a las barbaries de manera instintiva y humana.
Los extraños éxitos que os decía no sirven para distraer mi mente cual entretenimiento de turno, que filtra indignaciones y problemas. Ni siquiera lo hace más tolerable. Recientemente, me preguntaban en una entrevista que quién me ha transmitido los valores de defensa de asuntos comunes que a cualquier persona o pueblo afectan. Y me vino bastante grande, creo que el periodista buscaba un presunto modelo a seguir y mi respuesta tambaleante no estuvo a la altura que se me presupone a veces; los valores se aprenden con la conciencia o con la experiencia. Normalmente con ambas; a mi crecer y abrir los ojos al mundo me ha enseñado que si algo no me gusta he de intentar cambiarlo. No puedo entender la motivación de una persona conformista y las situaciones injustas deben ser denunciadas, afecten personalmente o no. No son valores de defensa de asuntos comunes; es cuestión de principios. Si algo está mal y puedes hacer algo para que mejore ¿por qué no hacerlo? E incluso cuando no se pueda, divulgarlo nunca está de más, quizá pueda llegar a alguien que sí consiga cambiar las cosas. Y por eso aprobar es examen era también un pequeño logro: por mi misma y por los demás. Por mi, porque puedo modificar lo que se supone que me está predestinado por clase social y nivel educativo y por los demás porque he abierto una puerta para seguir luchando desde dentro.
Os cuento que en mi universidad hay que aprobar un examen nivel B2 de inglés para irte a la mayoría de los destinos. También puedes optar por la vía aventurera y presentarte a Italiano, Francés o Alemán (que son un A2) o irte a Portugal, que no tiene examen. Si todo esto te falla porque eres un negado para los idiomas, no tienes dinero para irte fuera del país o simplemente no quieres alejarte demasiado( o al contrario, quieres irte a la otra punta del planeta) siempre puedes optar por la Iberoamericana o la Sicue -más conocida por beca Séneca, que en paz descanse.- El susodicho examen nivel B2, como si de selectividad se tratase, está rodeado de leyendas urbanas tales como 'es muy fácil', 'es muy difícil', 'es un nivel remezcla entre B1 y B2' o 'el listening no se entiende' pasando de tópico a realidad según el modelo que te toque y como es obvio, lo bien preparado que vayas.
La tarde que recibí la nota de mi examen de inglés acababa de anunciarse que al día siguiente se intentaría introducir la enmienda que añadiría 19 millones de euros más en los presupuestos generales del estado de 2014 en la votación del Senado. Con esto, cerca de 36.000 estudiantes erasmus podrían cobrar la beca un año más. Aprobar el examen me dejó el sabor agridulce de saber que con este logro encadenado a los anteriores estaba terminando de meterme en la boca del lobo. Había superado la barrera definitiva entre el 'sí, te vas a ir' y el 'sí te vas a ir'.
Pertenezco a una generación cuya educación obligatoria ha ido vagando entre LOGSES, LOES y demás leyes orgánicas que lo único que variaban eran de ideología, sacándole brillo las carencias junto a los colores. Y que ahora, a medias de una etapa de formación tan incierta como es la universitaria, veía al fantasma de la LOMCE abatirse cual nube negra sobre los estudiantes. Creo que nunca llegaré a aprender todas las siglas que han intentado vendernos como algo tangible; al final una con veinte años no sabe si agradecer no haber vivido estos tiempos estando en la escuela o si realmente es peor vivirlos ahora, con plena cosciencia. Como decía, no he tenido una mala educación pero en absoluto he tenido una buena. Mi capacidad para memorizar ya había alcanzado su nivel máximo cuando cumplí los 15 años y por lo tanto, el esfuerzo del sistema educativo por sobredesarrollarla en los años siguientes no han ayudado en gran cosa a mejorar mis facultades mentales.Siempre he sido una negada en inglés y de eso, hasta el momento, no tiene la culpa ningún político; por eso aprobar este examen era una puerta tan grande para mi: sabes lo suficiente como para que (de momento) te dejemos aprender.
Puede que yo no sea agradecida con lo que el sistema ha podido o querido darme, pero mientras me robaban oportunidades que de oídas sabía que existían me daban armas para abrir los ojos y protestar: yo me he hecho a mi misma flexible y ellos me han hecho inconformista. Aceptar lo que se te da por ser lo único que hay es de cobardes y aún más cuando sabes que otros se están llevando tu parte y la suya sin merecimiento alguno, no puede ser que un ministro de educación que cobra 64.000€ al año usurpe a estudiantes 100 euros mensuales, una ayuda ya mísera de por sí. ¿Cómo puedes decir a 36.000 personas y sus respectivos familiares que han de apretarse el cinturón en tiempos de crisis cuando cobras ochenta veces más en un año que uno de ellos? Aterroriza solo pensar que con un año de sueldo de Wert se paga la beca anual de ochenta erasmus. ¿A cuántos políticos como él habría que echar para que esos 36.000 erasmus tuviesen un mínimo de dinero garantizado? Quizá no a tantos y eso, precisamente es lo que te da cifras exactas del horror que implica vivir en un país en el que los derechos sociales ya no están garantizados en absoluto, si es que alguna vez lo estuvieron.
Me han criado con dos frases, 'de donde no hay no se puede sacar' y 'cada uno tiene lo que siembra'. Y los que nos gobiernan están terminando por echar abajo la poca educación que dejé que me inculcaran. Desde luego, sembrar mucho no es sinónimo de recoger nada, ni para bien ni para mal. Ahí tienen a los políticos del PP que han sembrado cientos de semillas de sobresueldos y corrupción que están enterradas en hoyos demasiado profundos o demasiado dispersas para localizarlas. De donde no hay, no se puede sacar, insistían. Y ellos dicen que no hay pero siguen sacando. Y metiendo en su bolsillo.
Pero no solo me han criado a mi. Hace poco, leía que igual que algunos jóvenes son el futuro otros únicamente pretenden perpetuar lo mismo que se les ha inculcado. Y mi mayor temor es ser uno de ellos y gritar solo cuando me duele y no ante el dolor ajeno. Nos quejamos de la sobreinformación, de la insensibilización ante la violencia y de la normalización de situaciones que desde luego NO son normales y que vienen de la mano de los medios y el entorno. Pero a veces, viendo las reacciones de gente de mi edad ante violaciones de derechos no puedo si no preguntarme si viene en nosotros mismos, si no hay alguna mutación genética que impide reaccionar frente a las barbaries de manera instintiva y humana.
Los extraños éxitos que os decía no sirven para distraer mi mente cual entretenimiento de turno, que filtra indignaciones y problemas. Ni siquiera lo hace más tolerable. Recientemente, me preguntaban en una entrevista que quién me ha transmitido los valores de defensa de asuntos comunes que a cualquier persona o pueblo afectan. Y me vino bastante grande, creo que el periodista buscaba un presunto modelo a seguir y mi respuesta tambaleante no estuvo a la altura que se me presupone a veces; los valores se aprenden con la conciencia o con la experiencia. Normalmente con ambas; a mi crecer y abrir los ojos al mundo me ha enseñado que si algo no me gusta he de intentar cambiarlo. No puedo entender la motivación de una persona conformista y las situaciones injustas deben ser denunciadas, afecten personalmente o no. No son valores de defensa de asuntos comunes; es cuestión de principios. Si algo está mal y puedes hacer algo para que mejore ¿por qué no hacerlo? E incluso cuando no se pueda, divulgarlo nunca está de más, quizá pueda llegar a alguien que sí consiga cambiar las cosas. Y por eso aprobar es examen era también un pequeño logro: por mi misma y por los demás. Por mi, porque puedo modificar lo que se supone que me está predestinado por clase social y nivel educativo y por los demás porque he abierto una puerta para seguir luchando desde dentro.
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