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lunes, 11 de mayo de 2015

Te jodes y pagas









Empezar diciendo que nunca me ha gustado el fútbol podría restarme credibilidad en todo lo que queda de post, pero así es. Pertenezco a ese colectivo de gente que desconoce de forma más o menos general todo aquello que no atañe al equipo de su ciudad o a los indigestos Madrid y Barcelona, presentes en todos los hogares a la hora del almuerzo. En mi casa siempre comíamos demasiado tarde y cuando pillábamos las noticias deportivas el único que ponía algo de interés en lo que se decía era mi padre, mascullando cosas como 'esos no valen nada' y 'son todos unos sinvergüenzas'. Mi padre piensa por norma general que todos los que salen en televisión son unos sinvergüenzas: empezando por los futbolistas y terminando por colaboradores de programas y políticos en su mayoría. Una enseñanza parcial y poco profunda con la que, no obstante, después de mucho informarme y razonar al respecto sigo estando completamente de acuerdo.

También he ido creciendo con los niños de mi barrio y como todo grupo de amigos de barrio el punto central de conversación ha sido siempre el equipo de nuestra ciudad. En mi caso, el Málaga, equipo que he llegado a seguir y a apoyar en ciertas ocasiones; de lo cual me siento orgullosa. Puede que verlos perder no me quite el sueño pero sí que cuando han ganado, me he entusiasmado irracionalmente contagiada de la alegría general. Podríamos decir que más que el equipo, es la ciudad. Vi un partido en el campo por primera vez hace unos meses y me encantó, he visto cientos de partidos en la televisión y he sido capaz de aguantar unos cuantos sin aburrirme en absoluto. Salí a celebrarlo cuando España ganó el mundial. Y después la Eurocopa. Vi casi todos los partidos y me lo pasé bien.

También he despotricado otras tantas veces de la saturación constante de medios de comunicación y redes sociales por culpa de los malditos partidos. No me parece hipócrita comentar un partido habiendo miles de cosas más importantes de las que quejarse pero tampoco entiendo a aquellos que sufren por perder una liga y no por la constante decepción que supone ver el resto de las noticias. Respeto el fútbol, como hago con la mayoría de las cosas que implican una creencia, un sentimiento para un grupo más o menos grande de gente. En parte porque me he acostumbrado a ello desde pequeña y en parte porque me resisto a pensar que la gente en su mayoría es idiota. No voy a pasarme la vida indignada porque 'sea una cortina de humo' o 'los futbolistas cobren más en una semana que una persona media en un año entero'. No es asunto mío y no soy yo la que hace cola durante horas para pagar por un abono de temporada y se gasta dinero constantemente en diversas muestras de apoyo; así que dolerme me duele poquito.

Ahora, por lo que leo, todo el conglomerado de asociaciones, clubes y demás, entre los que no hago distinción porque no sabría que barómetros aplicar a cada uno, decide irse a la huelga tras la aprobación de un Real-Decreto que regula la venta de derechos televisivos. Investigando un poco he averiguado que los equipos de las tres primeras divisiones deben más de 500 millones de euros a hacienda y que están sometidos a 'mucha presión fiscal' individual y colectivamente. Algunos dicen que ese es el problema de verdad y que a los futbolistas se las trae un poco al pairo el Real-Decreto: lo que no quieren es pagar más impuestos ni que Hacienda siga entrometiéndose en sus pequeñas-grandes empresas particulares y demás. Qué risa. En los pasados meses, apelaron a cambios en la reforma fiscal que fueron ignorados completamente por Miguel Ferre, Secretario de Estado de Hacienda. Con lo que tiene que costar que ese señor lea una carta como para exigirle que cambie una ley hecha por ellos mismos.


No puedo hablar de fútbol porque no sé, así que hablaré de algo que me suena algo más: según la Agencia Tributaria las inspecciones a los futbolistas se producen con el mismo criterio que al resto de ciudadanos. Partiendo de la base de que el susodicho resto de ciudadanos no cobra por derechos de imagen, resulta irónico pensar que se sigue el mismo criterio con los futbolistas, cuando estos tributan sus derechos de imagen a través de sociedades para reducir la factura fiscal y no les pasa nada. Tampoco veo igualdad de criterios en los embargos a las empresas con deudas; el año pasado Iker Casillas pagaba dos millones de euros a Hacienda después de una inspección tras "un ajuste con discrepancias en la interpretación de la normativa" y, por supuesto, sin ningún tipo de sanción económica derivada del tratamiento fiscal erróneo a determinados ingresos. ¿Eso pasa en un negocio cuyo propietario sea un empresario medio? Incluso ahora que se están levantando a actas a futbolistas de alto nivel por el 15% de sus ingresos que cotizan a un tipo menor por el impuesto de sociedades el criterio en las inspecciones no se puede comparar con ningún otro; pagan menos, se libran de las multas y encima se quejan.

No sé cuánto de verdad hay en esta huelga ni si va a durar, tampoco sé a ciencia cierta si va a llegar hasta el final: está claro que los únicos que tienen algo que perder son ellos y sus seguidores: unos el apoyo y otros el entretenimiento. Lo único que sé es que si Montoro se echa para atrás por las presiones y las quejas de los futbolistas en víspera de elecciones, además de incompetente estaría dejando claro que la corrupción no solo se tapa, si no que se aprueba. Y eso es mucho más de lo que algunos van a tolerar. Como diría Rajoy: sé fuerte, Cristóbal.



miércoles, 11 de diciembre de 2013

Antecedentes y contexto histórico

Cuando get away salvó mi vida yo estaba acumulando una extraña serie de éxitos. Algunos pequeños, de mentirijilla y otros más grandes. Los éxitos compartidos estaban sonando más fuerte que los propios pero estos otros me dejaban un regusto exquisito más tiempo. Supongamos que muchos de ellos, a corto plazo, se guiaban por un patrón común: el Erasmus.

Os cuento que en mi universidad hay que aprobar un examen nivel B2 de inglés para irte a la mayoría de los destinos. También puedes optar por la vía aventurera y presentarte a Italiano, Francés o Alemán (que son un A2) o irte a Portugal, que no tiene examen. Si todo esto te falla porque eres un negado para los idiomas, no tienes dinero para irte fuera del país o simplemente no quieres alejarte demasiado( o al contrario, quieres irte a la otra punta del planeta) siempre puedes optar por la Iberoamericana o la Sicue -más conocida por beca Séneca, que en paz descanse.- El susodicho examen nivel B2, como si de selectividad se tratase, está rodeado de leyendas urbanas tales como 'es muy fácil', 'es muy difícil', 'es un nivel remezcla entre B1 y B2' o 'el listening no se entiende' pasando de tópico a realidad según el modelo que te toque y como es obvio, lo bien preparado que vayas.

La tarde que recibí la nota de mi examen de inglés acababa de anunciarse que al día siguiente se intentaría introducir la enmienda que añadiría 19 millones de euros más en los presupuestos generales del estado de 2014 en la votación del Senado. Con esto, cerca de 36.000 estudiantes erasmus podrían cobrar la beca un año más. Aprobar el examen me dejó el sabor agridulce de saber que con este logro encadenado a los anteriores estaba terminando de meterme en la boca del lobo. Había superado la barrera definitiva entre el 'sí, te vas a ir' y el 'sí te vas a ir'.

Pertenezco a una generación cuya educación obligatoria ha ido vagando entre LOGSES, LOES y demás leyes orgánicas que lo único que variaban eran de ideología, sacándole brillo las carencias junto a los colores. Y que ahora, a medias de una etapa de formación tan incierta como es la universitaria, veía al fantasma de la LOMCE abatirse cual nube negra sobre los estudiantes. Creo que nunca llegaré a aprender todas las siglas que han intentado vendernos como algo tangible; al final una con veinte años no sabe si agradecer no haber vivido estos tiempos estando en la escuela o si realmente es peor vivirlos ahora, con plena cosciencia. Como decía, no he tenido una mala educación pero en absoluto he tenido una buena. Mi capacidad para memorizar ya había alcanzado su nivel máximo cuando cumplí los 15 años y por lo tanto, el esfuerzo del sistema educativo por sobredesarrollarla en los años siguientes no han ayudado en gran cosa a mejorar mis facultades mentales.Siempre he sido una negada en inglés y de eso, hasta el momento, no tiene la culpa ningún político; por eso aprobar este examen era una puerta tan grande para mi: sabes lo suficiente como para que (de momento) te dejemos aprender.

Puede que yo no sea agradecida con lo que el sistema ha podido o querido darme, pero mientras me robaban oportunidades que de oídas sabía que existían me daban armas para abrir los ojos y protestar: yo me he hecho a mi misma flexible y ellos me han hecho inconformista. Aceptar lo que se te da por ser lo único que hay es de cobardes y aún más cuando sabes que otros se están llevando tu parte y la suya sin merecimiento alguno, no puede ser que un ministro de educación que cobra 64.000€ al año usurpe a estudiantes 100 euros mensuales, una ayuda ya mísera de por sí. ¿Cómo puedes decir a 36.000 personas y sus respectivos familiares que han de apretarse el cinturón en tiempos de crisis cuando cobras ochenta veces más en un año que uno de ellos? Aterroriza solo pensar que con un año de sueldo de Wert se paga la beca anual de ochenta erasmus. ¿A cuántos políticos como él habría que echar para que esos 36.000 erasmus tuviesen un mínimo de dinero garantizado? Quizá no a tantos y eso, precisamente es lo que te da cifras exactas del horror que implica vivir en un país en el que los derechos sociales ya no están garantizados en absoluto, si es que alguna vez lo estuvieron.

Me han criado con dos frases, 'de donde no hay no se puede sacar' y 'cada uno tiene lo que siembra'. Y los que nos gobiernan están terminando por echar abajo la poca educación que dejé que me inculcaran. Desde luego, sembrar mucho no es sinónimo de recoger nada, ni para bien ni para mal. Ahí tienen a los políticos del PP que han sembrado cientos de semillas de sobresueldos y corrupción que están enterradas en hoyos demasiado profundos o demasiado dispersas para localizarlas. De donde no hay, no se puede sacar, insistían. Y ellos dicen que no hay pero siguen sacando. Y metiendo en su bolsillo.

Pero no solo me han criado a mi. Hace poco, leía que igual que algunos jóvenes son el futuro otros únicamente pretenden perpetuar lo mismo que se les ha inculcado. Y mi mayor temor es ser uno de ellos y gritar solo cuando me duele y no ante el dolor ajeno. Nos quejamos de la sobreinformación, de la insensibilización ante la violencia y de la normalización de situaciones que desde luego NO son normales y que vienen de la mano de los medios y el entorno. Pero a veces, viendo las reacciones de gente de mi edad ante violaciones de derechos no puedo si no preguntarme si viene en nosotros mismos, si no hay alguna mutación genética que impide reaccionar frente a las barbaries de manera instintiva y humana.

Los extraños éxitos que os decía no sirven para distraer mi mente cual entretenimiento de turno, que filtra indignaciones y problemas. Ni siquiera lo hace más tolerable. Recientemente, me preguntaban en una entrevista que quién me ha transmitido los valores de defensa de asuntos comunes que a cualquier persona o pueblo afectan. Y me vino bastante grande, creo que el periodista buscaba un presunto modelo a seguir y mi respuesta tambaleante no estuvo a la altura que se me presupone a veces; los valores se aprenden con la conciencia o con la experiencia. Normalmente con ambas; a mi crecer y abrir los ojos al mundo me ha enseñado que si algo no me gusta he de intentar cambiarlo. No puedo entender la motivación de una persona conformista y las situaciones injustas deben ser denunciadas, afecten personalmente o no. No son valores de defensa de asuntos comunes; es cuestión de principios. Si algo está mal y puedes hacer algo para que mejore ¿por qué no hacerlo? E incluso cuando no se pueda, divulgarlo nunca está de más, quizá pueda llegar a alguien que sí consiga cambiar las cosas. Y por eso aprobar es examen era también un pequeño logro: por mi misma y por los demás. Por mi, porque puedo modificar lo que se supone que me está predestinado por clase social y nivel educativo y por los demás porque he abierto una puerta para seguir luchando desde dentro.