miércoles, 11 de diciembre de 2013

Antecedentes y contexto histórico

Cuando get away salvó mi vida yo estaba acumulando una extraña serie de éxitos. Algunos pequeños, de mentirijilla y otros más grandes. Los éxitos compartidos estaban sonando más fuerte que los propios pero estos otros me dejaban un regusto exquisito más tiempo. Supongamos que muchos de ellos, a corto plazo, se guiaban por un patrón común: el Erasmus.

Os cuento que en mi universidad hay que aprobar un examen nivel B2 de inglés para irte a la mayoría de los destinos. También puedes optar por la vía aventurera y presentarte a Italiano, Francés o Alemán (que son un A2) o irte a Portugal, que no tiene examen. Si todo esto te falla porque eres un negado para los idiomas, no tienes dinero para irte fuera del país o simplemente no quieres alejarte demasiado( o al contrario, quieres irte a la otra punta del planeta) siempre puedes optar por la Iberoamericana o la Sicue -más conocida por beca Séneca, que en paz descanse.- El susodicho examen nivel B2, como si de selectividad se tratase, está rodeado de leyendas urbanas tales como 'es muy fácil', 'es muy difícil', 'es un nivel remezcla entre B1 y B2' o 'el listening no se entiende' pasando de tópico a realidad según el modelo que te toque y como es obvio, lo bien preparado que vayas.

La tarde que recibí la nota de mi examen de inglés acababa de anunciarse que al día siguiente se intentaría introducir la enmienda que añadiría 19 millones de euros más en los presupuestos generales del estado de 2014 en la votación del Senado. Con esto, cerca de 36.000 estudiantes erasmus podrían cobrar la beca un año más. Aprobar el examen me dejó el sabor agridulce de saber que con este logro encadenado a los anteriores estaba terminando de meterme en la boca del lobo. Había superado la barrera definitiva entre el 'sí, te vas a ir' y el 'sí te vas a ir'.

Pertenezco a una generación cuya educación obligatoria ha ido vagando entre LOGSES, LOES y demás leyes orgánicas que lo único que variaban eran de ideología, sacándole brillo las carencias junto a los colores. Y que ahora, a medias de una etapa de formación tan incierta como es la universitaria, veía al fantasma de la LOMCE abatirse cual nube negra sobre los estudiantes. Creo que nunca llegaré a aprender todas las siglas que han intentado vendernos como algo tangible; al final una con veinte años no sabe si agradecer no haber vivido estos tiempos estando en la escuela o si realmente es peor vivirlos ahora, con plena cosciencia. Como decía, no he tenido una mala educación pero en absoluto he tenido una buena. Mi capacidad para memorizar ya había alcanzado su nivel máximo cuando cumplí los 15 años y por lo tanto, el esfuerzo del sistema educativo por sobredesarrollarla en los años siguientes no han ayudado en gran cosa a mejorar mis facultades mentales.Siempre he sido una negada en inglés y de eso, hasta el momento, no tiene la culpa ningún político; por eso aprobar este examen era una puerta tan grande para mi: sabes lo suficiente como para que (de momento) te dejemos aprender.

Puede que yo no sea agradecida con lo que el sistema ha podido o querido darme, pero mientras me robaban oportunidades que de oídas sabía que existían me daban armas para abrir los ojos y protestar: yo me he hecho a mi misma flexible y ellos me han hecho inconformista. Aceptar lo que se te da por ser lo único que hay es de cobardes y aún más cuando sabes que otros se están llevando tu parte y la suya sin merecimiento alguno, no puede ser que un ministro de educación que cobra 64.000€ al año usurpe a estudiantes 100 euros mensuales, una ayuda ya mísera de por sí. ¿Cómo puedes decir a 36.000 personas y sus respectivos familiares que han de apretarse el cinturón en tiempos de crisis cuando cobras ochenta veces más en un año que uno de ellos? Aterroriza solo pensar que con un año de sueldo de Wert se paga la beca anual de ochenta erasmus. ¿A cuántos políticos como él habría que echar para que esos 36.000 erasmus tuviesen un mínimo de dinero garantizado? Quizá no a tantos y eso, precisamente es lo que te da cifras exactas del horror que implica vivir en un país en el que los derechos sociales ya no están garantizados en absoluto, si es que alguna vez lo estuvieron.

Me han criado con dos frases, 'de donde no hay no se puede sacar' y 'cada uno tiene lo que siembra'. Y los que nos gobiernan están terminando por echar abajo la poca educación que dejé que me inculcaran. Desde luego, sembrar mucho no es sinónimo de recoger nada, ni para bien ni para mal. Ahí tienen a los políticos del PP que han sembrado cientos de semillas de sobresueldos y corrupción que están enterradas en hoyos demasiado profundos o demasiado dispersas para localizarlas. De donde no hay, no se puede sacar, insistían. Y ellos dicen que no hay pero siguen sacando. Y metiendo en su bolsillo.

Pero no solo me han criado a mi. Hace poco, leía que igual que algunos jóvenes son el futuro otros únicamente pretenden perpetuar lo mismo que se les ha inculcado. Y mi mayor temor es ser uno de ellos y gritar solo cuando me duele y no ante el dolor ajeno. Nos quejamos de la sobreinformación, de la insensibilización ante la violencia y de la normalización de situaciones que desde luego NO son normales y que vienen de la mano de los medios y el entorno. Pero a veces, viendo las reacciones de gente de mi edad ante violaciones de derechos no puedo si no preguntarme si viene en nosotros mismos, si no hay alguna mutación genética que impide reaccionar frente a las barbaries de manera instintiva y humana.

Los extraños éxitos que os decía no sirven para distraer mi mente cual entretenimiento de turno, que filtra indignaciones y problemas. Ni siquiera lo hace más tolerable. Recientemente, me preguntaban en una entrevista que quién me ha transmitido los valores de defensa de asuntos comunes que a cualquier persona o pueblo afectan. Y me vino bastante grande, creo que el periodista buscaba un presunto modelo a seguir y mi respuesta tambaleante no estuvo a la altura que se me presupone a veces; los valores se aprenden con la conciencia o con la experiencia. Normalmente con ambas; a mi crecer y abrir los ojos al mundo me ha enseñado que si algo no me gusta he de intentar cambiarlo. No puedo entender la motivación de una persona conformista y las situaciones injustas deben ser denunciadas, afecten personalmente o no. No son valores de defensa de asuntos comunes; es cuestión de principios. Si algo está mal y puedes hacer algo para que mejore ¿por qué no hacerlo? E incluso cuando no se pueda, divulgarlo nunca está de más, quizá pueda llegar a alguien que sí consiga cambiar las cosas. Y por eso aprobar es examen era también un pequeño logro: por mi misma y por los demás. Por mi, porque puedo modificar lo que se supone que me está predestinado por clase social y nivel educativo y por los demás porque he abierto una puerta para seguir luchando desde dentro.


2 comentarios:

  1. Apreciada Marieta:

    Leyendo tus reflexiones, me he acordado del poema más famoso de Kipling "If" Él también se paró a pensar, sobre los triunfos que nos da la vida. Para leerlo entero, muy recomendable http://es.wikipedia.org/wiki/Si..._(Kipling)

    If you can meet with triumph and disaster
    And treat those two imposters just the same;

    Desconfía tanto del éxito, como del fracaso. Son dos impostores. Si confías en ellos, te traicionarán. El mundo que te espera no es un mundo amable. La Ley del más fuerte ( en sus nuevas interpretaciones) es la única ley que realmente impera.

    La Universidad también me deparó una época de éxitos. Me embarqué en estudiar dos carreras, y cuando nadie daba un duro por mi, conseguí superarme y sorprender a propios y envidiosos. Pero eso nunca te debe hacer caer en la complacencia, porque es el primer paso hacia el segundo impostor: el fracaso.

    En la Universidad nos enseñan a resolver problemas, y tu están aprendiendo que éstos se resuelven enfrentándote a ellos, si puedes vencerlos, o poniendo un foco sobre ellos, si son demasiado poderosos para resolverlos.

    Pero recuerda, por muchos éxitos que tengas, te pido que no pierdas nunca la humildad, el saber que nadie es mejor que nadie, mirar a las personas con amor ( esa palabra tan cursi y que tan poco nos atrevemos a decir) y algo que nos enseñó Madiba ( quien ahora todo el mundo hace propio), mirar con amor, incluso a los que pensamos que son nuestros adversarios.

    Mientras sigas soñando, y aprobando tus exámenes. Cuando fracases y nadie, excepto tu, crea en ti, y salgas adelante. Cuando lo ganes todo, y seas capaz de arriesgarlo por una idea. Entonces, podrás decirle a Kipling: Campeón, fuiste un gran tío, y un machista de mierda ;D

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