Ayer fueron las elecciones al Parlamento Andaluz. Estoy triste por muchos motivos pero mis ideas políticas profundamente arraigadas, -políticas, no partidistas- que no han conseguido deslucirse aún del todo, dicen que en el fondo no está tan mal. Os cuento: los andaluces pecamos de dos grandes cosas: somos unos conformistas y nos da igual la honestidad. Puede parecer irrespetuoso y simple, pero es cierto. Andalucía ha sido socialista durante 33 años y va a serlo durante otros cuatro más,le pese a quien le pese (y tengo constancia de que pesa a muchos). No por mayoría absoluta, pero sí contundente y mi particular visión de la que se mantiene como presidenta de la junta, Susana Díaz, me hace pensar que era la única motivación de estas elecciones: ganarlas y quitarse de en medio a Izquierda Unida. Recuperar la 'estabilidad' de gobernar sola. Y tan bien. Claro que todos, comenzando por ella misma, sabíamos que iba a ganar. El argumento cobarde de en comparación con otras comunidades no estamos tan mal ha hecho mucho en las cabezas de los electores; la necesidad de contrarrestar al PP también. Y la costumbre. Otra vez, la base del bipartidismo: votar a PP o PSOE porque es lo que hay. He de suponer que los ERE, si importan a alguien, es a ese 40% de andaluces que -como yo, aunque por otros motivos- no han votado. O a los que han sido partícipes de esos 15 escaños de Podemos y los 9 de Ciudadanos.
La verdad, mirando desde el prisma de un millón y medio de votantes, es que no estamos tan mal. Andalucía es la comunidad autónoma con más paro pero también la que más gente tiene. Y su población es la que más becas, ayudas, cursos de formación etc recibe. Aquí no se han privatizado hospitales; mejor o peor sigue habiendo 47 hospitales completamente públicos. La Junta de Andalucía mantiene las tasas universitarias en las mínimas posibles mientras que en otras comunidades llegan a duplicarse y ofrece becas para alumnos que no pueden acceder a las del Ministerio de educación. Las becas escolares y la gratuidad de libros se mantienen; en conclusión: la educación está garantizada y esa es la base de todo lo demás. Así podría seguir un rato. La Junta de Andalucía es una corrupta, hace las cosas lento y mal. Pero las hace. El caso de los ERE demuestra que las raíces del PSOE están tan podridas como las del PP y que encima la pobredumbre está arraigada donde más duele: en casa. Donde han gobernado 30 años y van a seguir haciéndolo. La gente sabe que Griñán y Chaves están imputados, que han estado metiendo mano mientras estaban arriba y que ni siquiera han tenido la decencia de dimitir de su escaño en el Parlamento Andaluz. Pero no les importa. Quitando a los afiliados y votantes fijos que cada partido recoje bajo su ala -ya sea con subvenciones, amiguismos, enchufes o cualquier cosa que implique un beneficio a cambio del voto- hay un gran número de votantes que siguen eligiendo al PSOE porque les conviene.
Nos roban, sí. Pero menos que los otros. Nos roban pero no recortan; nos roban pero nos dan de comer. La gente, tal y como ha sido siempre, piensa de manera egoísta y en cierto modo lógica: si el PP está recortando en toda España y la Junta de Andalucía con el PSOE no recorta lo importante es evitar que el PP salga en Andalucía. Y la única forma de evitarlo es usar el voto de manera útil: votando al partido que está en el gobierno y va a salir seguro.
El problema y lo triste de todo esto: que PP y PSOE ya no son lo que hay. Los quince escaños que ha conseguido Podemos son pocos, pero seguro que han hecho chirriar los dientes a más de uno. Andalucía, que no ha sufrido tanto al PP como el resto de España mira a Podemos con más desconfianza que las demás comunidades. Teresa es una extraña y sin embargo, ha conseguido hacerse notar. Pero la gente no cree en el cambio. Podemos está ahí; bien. Pero no lo suficiente. Es inevitable que el voto cómodo y útil sea prioridad ante un voto arriesgado: son mejores sí, pero no van a ganar. Ayer leí que el cambio 'será generacional o no será' y supongo que ahí está la clave. En los jóvenes y no tan jóvenes que no apuestan por lo malo conocido, en los que todavía se indignan porque no entienden que la gente no reaccione. En los que entienden y piensan y en los que no entienden pero están descontentos y quieren mejorar. Estoy triste por los indiferentes, por los conformistas y por los que no quieren arriesgarse. Aunque los entiendo, estoy triste por ahora y por después. Puede que estos resultados no sean extrapolables de una manera simple al resto de España pero la lección que se lee entre líneas es una clara advertencia de cara a las generales: el cambio está asomando, sí. Pero somos nosotros los que no estamos listos todavía. Ni lo estaremos en unos meses.
Me resulta inevitable mencionar a Izquierda Unida por motivos personales; ellos son una de las espinas más dolorosas que me han dejado clavadas estas elecciones. Han sido como el hermano pequeño castigado por no sacar sobresaliente mientras al mayor se le premia por suspender solo tres; parte de lo viejo, una opción desechada y no real. Una 'verdadera izquierda' que no reluce y que se ha rendido en la campaña antes de empezar a luchar. Son el daño colateral de Podemos y después de esta estrepitosa caída lo único que queda es obviar esa sensación amarga de que otros se han llevado el trabajo propio y luchar por renovarse. Porque ahora, con sus más y con sus menos hay cinco partidos representados en el parlamento y con sus más y con sus menos los minoritarios están ahí, sin ganas de estrecharse las manos. Y eso es la base de la democracia; distintos caminos para un objetivo común. Al fin y al cabo, no son ellos el enemigo.
Mostrando entradas con la etiqueta blog. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta blog. Mostrar todas las entradas
lunes, 23 de marzo de 2015
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Antecedentes y contexto histórico
Cuando get away salvó mi vida yo estaba acumulando una extraña serie de éxitos. Algunos pequeños, de mentirijilla y otros más grandes. Los éxitos compartidos estaban sonando más fuerte que los propios pero estos otros me dejaban un regusto exquisito más tiempo. Supongamos que muchos de ellos, a corto plazo, se guiaban por un patrón común: el Erasmus.
Os cuento que en mi universidad hay que aprobar un examen nivel B2 de inglés para irte a la mayoría de los destinos. También puedes optar por la vía aventurera y presentarte a Italiano, Francés o Alemán (que son un A2) o irte a Portugal, que no tiene examen. Si todo esto te falla porque eres un negado para los idiomas, no tienes dinero para irte fuera del país o simplemente no quieres alejarte demasiado( o al contrario, quieres irte a la otra punta del planeta) siempre puedes optar por la Iberoamericana o la Sicue -más conocida por beca Séneca, que en paz descanse.- El susodicho examen nivel B2, como si de selectividad se tratase, está rodeado de leyendas urbanas tales como 'es muy fácil', 'es muy difícil', 'es un nivel remezcla entre B1 y B2' o 'el listening no se entiende' pasando de tópico a realidad según el modelo que te toque y como es obvio, lo bien preparado que vayas.
La tarde que recibí la nota de mi examen de inglés acababa de anunciarse que al día siguiente se intentaría introducir la enmienda que añadiría 19 millones de euros más en los presupuestos generales del estado de 2014 en la votación del Senado. Con esto, cerca de 36.000 estudiantes erasmus podrían cobrar la beca un año más. Aprobar el examen me dejó el sabor agridulce de saber que con este logro encadenado a los anteriores estaba terminando de meterme en la boca del lobo. Había superado la barrera definitiva entre el 'sí, te vas a ir' y el 'sí te vas a ir'.
Pertenezco a una generación cuya educación obligatoria ha ido vagando entre LOGSES, LOES y demás leyes orgánicas que lo único que variaban eran de ideología, sacándole brillo las carencias junto a los colores. Y que ahora, a medias de una etapa de formación tan incierta como es la universitaria, veía al fantasma de la LOMCE abatirse cual nube negra sobre los estudiantes. Creo que nunca llegaré a aprender todas las siglas que han intentado vendernos como algo tangible; al final una con veinte años no sabe si agradecer no haber vivido estos tiempos estando en la escuela o si realmente es peor vivirlos ahora, con plena cosciencia. Como decía, no he tenido una mala educación pero en absoluto he tenido una buena. Mi capacidad para memorizar ya había alcanzado su nivel máximo cuando cumplí los 15 años y por lo tanto, el esfuerzo del sistema educativo por sobredesarrollarla en los años siguientes no han ayudado en gran cosa a mejorar mis facultades mentales.Siempre he sido una negada en inglés y de eso, hasta el momento, no tiene la culpa ningún político; por eso aprobar este examen era una puerta tan grande para mi: sabes lo suficiente como para que (de momento) te dejemos aprender.
Puede que yo no sea agradecida con lo que el sistema ha podido o querido darme, pero mientras me robaban oportunidades que de oídas sabía que existían me daban armas para abrir los ojos y protestar: yo me he hecho a mi misma flexible y ellos me han hecho inconformista. Aceptar lo que se te da por ser lo único que hay es de cobardes y aún más cuando sabes que otros se están llevando tu parte y la suya sin merecimiento alguno, no puede ser que un ministro de educación que cobra 64.000€ al año usurpe a estudiantes 100 euros mensuales, una ayuda ya mísera de por sí. ¿Cómo puedes decir a 36.000 personas y sus respectivos familiares que han de apretarse el cinturón en tiempos de crisis cuando cobras ochenta veces más en un año que uno de ellos? Aterroriza solo pensar que con un año de sueldo de Wert se paga la beca anual de ochenta erasmus. ¿A cuántos políticos como él habría que echar para que esos 36.000 erasmus tuviesen un mínimo de dinero garantizado? Quizá no a tantos y eso, precisamente es lo que te da cifras exactas del horror que implica vivir en un país en el que los derechos sociales ya no están garantizados en absoluto, si es que alguna vez lo estuvieron.
Me han criado con dos frases, 'de donde no hay no se puede sacar' y 'cada uno tiene lo que siembra'. Y los que nos gobiernan están terminando por echar abajo la poca educación que dejé que me inculcaran. Desde luego, sembrar mucho no es sinónimo de recoger nada, ni para bien ni para mal. Ahí tienen a los políticos del PP que han sembrado cientos de semillas de sobresueldos y corrupción que están enterradas en hoyos demasiado profundos o demasiado dispersas para localizarlas. De donde no hay, no se puede sacar, insistían. Y ellos dicen que no hay pero siguen sacando. Y metiendo en su bolsillo.
Pero no solo me han criado a mi. Hace poco, leía que igual que algunos jóvenes son el futuro otros únicamente pretenden perpetuar lo mismo que se les ha inculcado. Y mi mayor temor es ser uno de ellos y gritar solo cuando me duele y no ante el dolor ajeno. Nos quejamos de la sobreinformación, de la insensibilización ante la violencia y de la normalización de situaciones que desde luego NO son normales y que vienen de la mano de los medios y el entorno. Pero a veces, viendo las reacciones de gente de mi edad ante violaciones de derechos no puedo si no preguntarme si viene en nosotros mismos, si no hay alguna mutación genética que impide reaccionar frente a las barbaries de manera instintiva y humana.
Los extraños éxitos que os decía no sirven para distraer mi mente cual entretenimiento de turno, que filtra indignaciones y problemas. Ni siquiera lo hace más tolerable. Recientemente, me preguntaban en una entrevista que quién me ha transmitido los valores de defensa de asuntos comunes que a cualquier persona o pueblo afectan. Y me vino bastante grande, creo que el periodista buscaba un presunto modelo a seguir y mi respuesta tambaleante no estuvo a la altura que se me presupone a veces; los valores se aprenden con la conciencia o con la experiencia. Normalmente con ambas; a mi crecer y abrir los ojos al mundo me ha enseñado que si algo no me gusta he de intentar cambiarlo. No puedo entender la motivación de una persona conformista y las situaciones injustas deben ser denunciadas, afecten personalmente o no. No son valores de defensa de asuntos comunes; es cuestión de principios. Si algo está mal y puedes hacer algo para que mejore ¿por qué no hacerlo? E incluso cuando no se pueda, divulgarlo nunca está de más, quizá pueda llegar a alguien que sí consiga cambiar las cosas. Y por eso aprobar es examen era también un pequeño logro: por mi misma y por los demás. Por mi, porque puedo modificar lo que se supone que me está predestinado por clase social y nivel educativo y por los demás porque he abierto una puerta para seguir luchando desde dentro.
Os cuento que en mi universidad hay que aprobar un examen nivel B2 de inglés para irte a la mayoría de los destinos. También puedes optar por la vía aventurera y presentarte a Italiano, Francés o Alemán (que son un A2) o irte a Portugal, que no tiene examen. Si todo esto te falla porque eres un negado para los idiomas, no tienes dinero para irte fuera del país o simplemente no quieres alejarte demasiado( o al contrario, quieres irte a la otra punta del planeta) siempre puedes optar por la Iberoamericana o la Sicue -más conocida por beca Séneca, que en paz descanse.- El susodicho examen nivel B2, como si de selectividad se tratase, está rodeado de leyendas urbanas tales como 'es muy fácil', 'es muy difícil', 'es un nivel remezcla entre B1 y B2' o 'el listening no se entiende' pasando de tópico a realidad según el modelo que te toque y como es obvio, lo bien preparado que vayas.
La tarde que recibí la nota de mi examen de inglés acababa de anunciarse que al día siguiente se intentaría introducir la enmienda que añadiría 19 millones de euros más en los presupuestos generales del estado de 2014 en la votación del Senado. Con esto, cerca de 36.000 estudiantes erasmus podrían cobrar la beca un año más. Aprobar el examen me dejó el sabor agridulce de saber que con este logro encadenado a los anteriores estaba terminando de meterme en la boca del lobo. Había superado la barrera definitiva entre el 'sí, te vas a ir' y el 'sí te vas a ir'.
Pertenezco a una generación cuya educación obligatoria ha ido vagando entre LOGSES, LOES y demás leyes orgánicas que lo único que variaban eran de ideología, sacándole brillo las carencias junto a los colores. Y que ahora, a medias de una etapa de formación tan incierta como es la universitaria, veía al fantasma de la LOMCE abatirse cual nube negra sobre los estudiantes. Creo que nunca llegaré a aprender todas las siglas que han intentado vendernos como algo tangible; al final una con veinte años no sabe si agradecer no haber vivido estos tiempos estando en la escuela o si realmente es peor vivirlos ahora, con plena cosciencia. Como decía, no he tenido una mala educación pero en absoluto he tenido una buena. Mi capacidad para memorizar ya había alcanzado su nivel máximo cuando cumplí los 15 años y por lo tanto, el esfuerzo del sistema educativo por sobredesarrollarla en los años siguientes no han ayudado en gran cosa a mejorar mis facultades mentales.Siempre he sido una negada en inglés y de eso, hasta el momento, no tiene la culpa ningún político; por eso aprobar este examen era una puerta tan grande para mi: sabes lo suficiente como para que (de momento) te dejemos aprender.
Puede que yo no sea agradecida con lo que el sistema ha podido o querido darme, pero mientras me robaban oportunidades que de oídas sabía que existían me daban armas para abrir los ojos y protestar: yo me he hecho a mi misma flexible y ellos me han hecho inconformista. Aceptar lo que se te da por ser lo único que hay es de cobardes y aún más cuando sabes que otros se están llevando tu parte y la suya sin merecimiento alguno, no puede ser que un ministro de educación que cobra 64.000€ al año usurpe a estudiantes 100 euros mensuales, una ayuda ya mísera de por sí. ¿Cómo puedes decir a 36.000 personas y sus respectivos familiares que han de apretarse el cinturón en tiempos de crisis cuando cobras ochenta veces más en un año que uno de ellos? Aterroriza solo pensar que con un año de sueldo de Wert se paga la beca anual de ochenta erasmus. ¿A cuántos políticos como él habría que echar para que esos 36.000 erasmus tuviesen un mínimo de dinero garantizado? Quizá no a tantos y eso, precisamente es lo que te da cifras exactas del horror que implica vivir en un país en el que los derechos sociales ya no están garantizados en absoluto, si es que alguna vez lo estuvieron.
Me han criado con dos frases, 'de donde no hay no se puede sacar' y 'cada uno tiene lo que siembra'. Y los que nos gobiernan están terminando por echar abajo la poca educación que dejé que me inculcaran. Desde luego, sembrar mucho no es sinónimo de recoger nada, ni para bien ni para mal. Ahí tienen a los políticos del PP que han sembrado cientos de semillas de sobresueldos y corrupción que están enterradas en hoyos demasiado profundos o demasiado dispersas para localizarlas. De donde no hay, no se puede sacar, insistían. Y ellos dicen que no hay pero siguen sacando. Y metiendo en su bolsillo.
Pero no solo me han criado a mi. Hace poco, leía que igual que algunos jóvenes son el futuro otros únicamente pretenden perpetuar lo mismo que se les ha inculcado. Y mi mayor temor es ser uno de ellos y gritar solo cuando me duele y no ante el dolor ajeno. Nos quejamos de la sobreinformación, de la insensibilización ante la violencia y de la normalización de situaciones que desde luego NO son normales y que vienen de la mano de los medios y el entorno. Pero a veces, viendo las reacciones de gente de mi edad ante violaciones de derechos no puedo si no preguntarme si viene en nosotros mismos, si no hay alguna mutación genética que impide reaccionar frente a las barbaries de manera instintiva y humana.
Los extraños éxitos que os decía no sirven para distraer mi mente cual entretenimiento de turno, que filtra indignaciones y problemas. Ni siquiera lo hace más tolerable. Recientemente, me preguntaban en una entrevista que quién me ha transmitido los valores de defensa de asuntos comunes que a cualquier persona o pueblo afectan. Y me vino bastante grande, creo que el periodista buscaba un presunto modelo a seguir y mi respuesta tambaleante no estuvo a la altura que se me presupone a veces; los valores se aprenden con la conciencia o con la experiencia. Normalmente con ambas; a mi crecer y abrir los ojos al mundo me ha enseñado que si algo no me gusta he de intentar cambiarlo. No puedo entender la motivación de una persona conformista y las situaciones injustas deben ser denunciadas, afecten personalmente o no. No son valores de defensa de asuntos comunes; es cuestión de principios. Si algo está mal y puedes hacer algo para que mejore ¿por qué no hacerlo? E incluso cuando no se pueda, divulgarlo nunca está de más, quizá pueda llegar a alguien que sí consiga cambiar las cosas. Y por eso aprobar es examen era también un pequeño logro: por mi misma y por los demás. Por mi, porque puedo modificar lo que se supone que me está predestinado por clase social y nivel educativo y por los demás porque he abierto una puerta para seguir luchando desde dentro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)