Carmen es una señora que está instalada en la mediana edad como quien se instala en la concepción de un libro añadiéndole prólogo, introducción, epílogo y todo lo que ataña. Dice que cuando una no espera nada de la vida afrontarla con optimismo es la única manera de capturar las oportunidades que te va regalando. Ella hace cosas, ha empezado a hacerlas ahora. Aunque no le salgan bien con la rapidez que le gustaría. Carmen se ríe de mi manera de ver la vida - como una competición a nado en el mar profundo y tormentoso - y me dice que cada cosa que aprendo es un arma nueva que puede que en el futuro me salve del caos. Me provoca cierta ternura su sonrisa. Se le forman simultáneamente arruguitas en los ojos y hoyuelitos en las mejillas, mostrando su ambivalencia vieja-niña que la conforman tal cual es. Eso también me provoca incertidumbre. Me hace preguntarme si yo algún día seré como Carmen y me veré abriendo los ojos a la realidad de la vida cuando ya haya pasado gran parte de ella; lo peor: sin darme cuenta. Creyendo mientras transcurre que estoy haciendo y deshaciendo, escogiendo mis propios caminos, sobreponiéndome a las circunstancias. Y de repente, un día, encontrándome varada en cualquier cambio inesperado sin saber bien como he llegado hasta ahí.
De las pocas peroratas que ella suelta, casi todas son para reafirmar algo que yo he dicho. Carmen no se muestra categórica, es más bien prudente. Jamás me compara con otra gente de mi edad y a menudo me habla como a una mujer que la igualara en vivencias. Un día se encogió de hombros y afirmó que ella no necesitaba hablar mal de otra gente porque su manera de actuar ponía en evidencia todo lo que hacían mal los otros. Desde ese día procuré no hacer ningún juicio de valor en su presencia solo porque no pensase mal de mi. Ella, a cambio, justifica mis accidentes constantes anunciando que solo puede fallar el que hace. Al igual que otra gente saca lo peor de ti, Carmen hace que actuar mal en su presencia te haga sentir culpable sin decir una palabra. Impele a los demás a hacer las cosas bien y por eso me gusta tenerla cerca.
Apuesto a que ella no sabe ni como me llamo.
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